Los sifonápteros (Siphonaptera), conocidos popularmente como pulgas, son un orden de pequeños insectos sin alas. Las pulgas son parásitos externos que viven de la sangre de los mamíferos y los pájaros. Se conocen unas 1.900 especies.[1]

Algunas especies bien conocidas de pulgas son la pulga del gato (Ctenocephalides felis), la pulga del perro (Ctenocephalides canis), la pulga de la rata del norte (Nosopsyllus fasciatus) y la pulga de la rata oriental (Xenopsylla cheopis).

En la mayor parte de los casos las pulgas son sólo una molestia para sus hospedadores, pero algunas personas y animales sufren una reacción alérgica a la saliva de la pulga, produciéndose erupciones. Las picaduras de pulga generalmente tienen como resultado la formación de unas zonas inflamadas y ligeramente elevadas que producen picor y que tienen un solo punto de picadura en el centro.

Sin embargo, las pulgas pueden transmitir enfermedades. Un devastador ejemplo de eso fue la peste bubónica, transmitida entre roedores y humanos o el tifus.

La pulga del perro Ctenocephalides canis, la del gato Ctenocephalides felis y la del hombre Pulex irritans pueden ser hospederos intermediarios de cestodos (también llamados gusanos planos, tenias o solitarias) tales como Dipylidium caninum o Hymenolepis diminuta los cuales pueden parasitar al hombre.

La pulga puede saltar 350 veces la longitud de su cuerpo (1 metro aproximadamente). Las pulgas son insectos pequeños (de 1,5 a 3,3 mm de largo) sin alas, muy ágiles, de color generalmente oscuro (por ejemplo, la pulga de los gatos es de color rojizo-parduzco), que cuentan con un mecanismo bucal de tubos especialmente adaptado para poder alimentarse de la sangre de sus huéspedes. Sus cuerpos son delgados lateralmente (es decir, lucen chatos de lado a lado), lo que les permite desplazarse con facilidad a través de los pelos o plumas del cuerpo del huésped. Sus patas son largas, y las traseras están adaptadas para el salto, que puede ser de hasta 18 cm en dirección vertical y 33 cm en dirección horizontal. Esto representa una distancia de hasta 200 veces su propia longitud, lo que convierte a la pulga en el mejor saltador entre los animales en relación con su tamaño corporal. El cuerpo de la pulga es duro, pulido, y está cubierto con muchos pelos y espinas cortas que crecen hacia atrás. Esta característica le asegura un tránsito fluido entre los cabellos del huésped. La dureza de su cuerpo le permite soportar grandes presiones (probablemente como resultado de una adaptación para sobrevivir el rascado, etc.), incluso la ejercida por los dedos humanos.